Clases y requisitos del contrato de seguros

Todos hemos firmado uno de estos contratos. Incluso lo hemos firmado sin saber muy bien lo que decía. Por ello es tan importante las clases y requisitos del contrato de seguros.

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La clasificación legal básica de los seguros diferencia:

  • Seguro contra daños.
  • Seguro de personas.

Los seguros contra daños a su vez pueden ser:

  • Seguro de incendios.
  • Seguro contra el robo.
  • Seguro de transportes terrestres.
  • Seguro de lucro cesante.
  • Seguro de caución.
  • Seguro de crédito.
  • Seguro de responsabilidad civil.
  • Seguro de defensa jurídica.

Algunas subvariedades serían el (seguro de alquiler), para proteger una propiedad alquilada, el seguro multirriesgo del hogar o el seguro agrícola, para protegerse de la pérdida de una cosecha.

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Los seguros contra personas pueden ser:

  • Seguro sobre la vida.
  • Seguro de accidentes.
  • Seguros de enfermedad y de asistencia sanitaria.

La variedad es muy amplia e incluso se pueden negociar contratos no previstos por la aseguradora. Algunos ejemplo menos comunes son:

  • Asegurar una parte del cuerpo. Las piernas, el pecho, la nariz, etc.
  • Asegurar un sorteo. Si sale premiado lo paga la aseguradora y si no sale la aseguradora ha ganado.
  • Seguros de vehículo de duración un día. Por ejemplo vehículos antiguos que se conducen uno o pocos días al año.
  • Seguro de título inmobiliario. También llamado seguro de título, es un tipo de seguro creado en los Estados Unidos para proteger toda clase de compraventa inmobiliaria o gravamen sobre inmueble. Según Carlos Odriozola autor del primer libro escrito sobre el tema en idioma castellano “El Seguro de Título Inmobiliario”, el seguro de título es un convenio de indemnización, pues colateralmente a una operación principal, que puede ser la compraventa o la hipoteca, la aseguradora se obliga a indemnizar al asegurado en el caso de que éste tuviera alguna pérdida causada por acciones incoadas por un tercero.

En algunos caso es obligatorio por Ley tener un seguro como por ejemplo:

  • Seguro obligatorio de vehículos, que es seguro básico del ramo más amplio del seguro del automóvil
  • Seguro de perros considerados peligrosos.
  • Seguro de caza.
  • Seguro de daños materiales o de caución, a contratar por el promotor de un edificio.

En estos casos los poderes públicos entienden que la peligrosidad de ciertas actividades es suficiente para obligar a quién las efectúa a contratar un seguro que proteja a terceras personas de los daños que se puedan causar.

Otros contratos pueden venir obligados por un contrato anterior. Es muy habitual en una hipoteca tener que asegurar el bien hipotecado a favor del acreedor.

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 icon-bell Requisitos de contratos de seguros

Todo contrato de seguro ha de estar integrado por unos elementos esenciales que si alguno no existiera, el contrato sería nulo de pleno derecho y por ello no podría surtir los efectos deseados.

Dichos elementos son:

1.- Causa

2.- Objeto

3.- Consentimiento de las partes.

1.- Causa: es el deseo de protegerse contra un riesgo. Así si en el momento de contratarse un seguro no existiese riesgo o bien éste ya se ha realizado, ya ha ocurrido el siniestro, el contrato sería nulo, porque no existiría causa.

Por ejemplo, no podremos suscribir un seguro de incendios sobre una casa que ya se ha quemado, ni un seguro de accidentes sobre una persona que se encuentra en ese momento de baja por accidente.

2.- Objeto: el interés que tiene una persona en que el siniestro no se produzca por tener una relación económica con el bien asegurado.

Interés asegurable: es el interés de la persona en conservar sus bienes y ha de ser legítimo, que no vaya contra la Ley y que sea posible su estimación en dinero.

Así, si no hubiera relación económica entre el asegurado y el objeto asegurado, el contrato sería nulo.

Por ejemplo, si el Sr, Vázquez, comerciante de Madrid solicita un seguro de incendios para el comercio del Sr. López también de Madrid, pero no existe ninguna relación entre el Sr. Vázquez y el Sr. López ni entre sus comercios. Por ello no habría posibilidad de suscribir la póliza de incendios, ya que no existe objeto del contrato de seguro.

Teniendo en cuenta ese interés, una persona puede asegurar su vida o la de otra persona por al cantidad que considere oportuna.

3.- Consentimiento de las partes: es la intención de las partes en cumplir lo acordado en un contrato de seguro.

Para poder prestar consentimiento es necesario tener capacidad para contratar, entendiéndose por tal capacidad la aptitud o facultad de las personas para celebrar contratos que generan derechos u obligaciones, así como para modificarlos o extinguirlos.

Estos elementos son:

1.- Tomador

2.- Asegurado

3.- Beneficiario

1.- El tomador del seguro es la persona física o jurídica que pacta y suscribe el contrato de seguro con el asegurador, asumiendo las obligaciones que del contrato se deriven; en definitiva, es quien firma la póliza y paga la prima. Es el comprador del seguro.

2.- El asegurado es la persona que se halla expuesta al riesgo en su persona o bienes, que se cubre mediante la póliza de seguro.

3.- El beneficiario es la persona designada para percibir la prestación del seguro contratado en caso de que se produzca el siniestro.

El beneficiario es designado por el tomador del seguro y lo podrá modificar tantas veces como estime oportuno sin necesidad de consentimiento del asegurado ni del asegurador, comunicándolo por escrito a éste o en testamento.

Estas tres figuras pueden coincidir o no en una misma persona y así podemos establecer las siguientes posibilidades de coincidencia:

1) Tomador, asegurado y beneficiario la misma persona

2) Tomador y asegurado iguales y beneficiario distintos

3) Asegurado y beneficiario los mismos y tomador distinto

4) Tomador y beneficiario iguales y asegurado distinto

5) Tomador, asegurado y beneficiario distintos.

La designación de beneficiarios en los seguros personales y especialmente en los seguros de vida tiene una importancia vital a la hora de recibir la prestación especialmente para caso de fallecimiento por las implicaciones fiscales que de ello derivan.

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