El contrato de seguro

 icon-anchor El contrato de seguro

Es aquel por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura, a indemnizar dentro de los límites pactados, el daño producido al asegurado, o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas.

Así por ejemplo, si el Sr. Pérez ha firmado un contrato (póliza) de seguro de incendios para proteger contra este riesgo su casa, y el riesgo se produce (siniestro), es decir, su casa se quema, y en la póliza se había acordado que el asegurador le indemnizaría en este caso con cien, ésta sería la cantidad máxima que podría percibir el Sr. Pérez del asegurador.

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 icon-barcode Características

El contrato de seguro ha de reunir las siguientes características:

Formal, ya que es necesaria su plasmación escrita para que sea válido.

Aleatorio, porque la realización del hecho o riesgo previsto y en algunos casos la cantidad que pueda resultar debida por el asegurador, dependen de causas fortuitas, ajenas a la voluntad de los contratantes.

Bilateral, porque intervienen dos voluntades distintas, creando obligaciones mutuas entre las partes que manifestaron su voluntad. Para el tomador del seguro las obligaciones son inmediatas y constantes –pago de la prima-, para el asegurador son potenciales, pues la indemnización se pagará cuando se produzca el siniestro previsto en la póliza.

Oneroso, porque da lugar a deberes de orden económico para cada uno de los contratantes.

De buena fe, pues las partes deben cumplir el contrato de seguro, e incluso interpretarlo con arreglo a la buena fe más exquisita.

De adhesión, ya que el asegurado a la hora de contratar acepta o se adhiere a las condiciones que regirán la existencia del contrato y que han sido fijadas unilateralmente por el asegurador, salvo en los puntos de detalle de cada caso concreto.

Unico, pues el hecho de que con cierta periodicidad, en cada caso determinado, se paguen las primas, no afecta a la continuidad de la existencia única e insoluble del contrato.

De masa, ya que el asegurador, al celebrar el contrato, fija sus condiciones considerando una serie de contratos análogos que responden a unas circunstancias semejantes.

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